De Diocletianus, a Nixon, a Chavez: La historia del fracaso de los controles de precio

February 24, 2007
(English Version here)

La mayoría de la gente sabe poco sobre el emperador romano Diocles o Diocletianus. Aunque es peligroso hacer paralelos a través de 1700 años de historia, algunas de las semejanzas entre Diocles y nuestro Autócrata/Dictador son simplemente sorprendentes.

Igual que Chávez, Diocles buscó su suerte en el ejército, progresando a través de sus filas y se convirtió en emperador en el 285 D.C. Diocles estableció orden dentro de los militares, conformando su Gobierno un despotismo militar, sin embargo Diocles no tuvo éxito en arreglar la economía. Primero que todo Diocles imprimió dinero como loco (les suena familiar?) y no pudo restaurar la fe en la moneda. En ese momento, como tantos antes y después de él, Diocles estableció controles de precios, así como controles sociales. Si eras el hijo de un granjero, tenias que ser granjero, tan simple como eso. Pero más importantemente, él estableció algunos de los controles de precios más estrictos que se conocen, imponiendo la pena de muerte a los que los violaban.

Diocletianus publicó el “decreto de los precios máximos”, que contenía 32 secciones y establecía límites de precio a mas de 1.000 productos. Éstos incluyeron precios máximos en la carne, los granos, la cerveza, el transporte y los salarios. A pesar de las penas aplicadas, el sistema simplemente no funcionó. Los comerciantes pararon de producir los artículos bajo control o simplemente los vendían por encima de los precios regulados de forma ilegal. Eventualmente tuvo que retirar el decreto debido al aumento de la escasez así como de la inflación. Es decir, las medidas de control tuvieron el efecto contrario al deseado.

La historia de Diocletianus no es única; hay docenas de ejemplos de controles de precios fallidos sin importar lo duro de las penas y castigos aplicados. Del código de Hammurabi en Babilonia a Egipto, a la guerra civil de los E.E.U.U., a la revolución francesa, a la Segunda Guerra Mundial, a Nixon, a Venezuela, a Venezuela y ahora otra vez, a Venezuela, los controles de precios simplemente no funcionan. De hecho, la historia demuestra que tienen siempre el efecto opuesto a lo previsto. No hay un solo caso de controles de precios que haya funcionado y se han escrito muchos libros y trabajos para demostrarlo.

Lo cual nos trae a la Venezuela de hoy. Después de establecer controles de precios hace tres años, e imprimir el dinero sin controlen este tiempo, lo cual no ayudo, y ver como la inflación subía sin control el presidente Hugo Chávez publicó un decreto la semana pasada para tratar de inculcar miedo en los productores agrícolas.Aunque discutí el decreto la semana pasada,
solamente ahora, al regreso de mis vacaciones es que he tenido tiempo de estudiar el decreto. Y es incluso mucho peor de lo que pensaba.

Para empezar, el decreto es claramente ilegal, dado que el artículo 112 de la Constitución concede extensos derechos económicos a los venezolanos que no pueden ser simplemente eliminados todos de un plumazo:

Art. 112. Toda la gente puede dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia, sin más limitaciones que ésos contemplados en esta constitución y ésos establecidos por leyes por razones de el desarrollo humano, la seguridad, la salud, la protección del medio ambiente u otras de interés social. El estado promoverá las iniciativas privadas, garantizando la creación y la distribución justa de la abundancia, así como la producción de las mercancías y de los servicios que satisfarán las necesidades de la población, la libertad de trabajar, de crear las compañías, industrias, sin prejuicio alguno para medidas de la edición de planear, de racionalizar y de regular la economía y de promover el desarrollo integral del país.

El decreto publicado esta semana, viola tanto el espíritu como la letra de las libertades y de las derechas garantizados por este artículo de la Constitución. Mientras que el gobierno puede establecer ciertas limitaciones, no puede limitarlo todo, como el decreto lo hace o ciertamente lo trata de hacer. Peor aun, no puede prohibir a nadie “dedicarse libremente a su actividad económica de su preferencia”. De hecho el decreto dice que cualquier persona que sea encontrada culpable de la violación del decreto no podrá participar en el comercio por diez años. La constitución no permite ciertamente eso y si se aplica siempre violarán las derechos constitucionales de los castigados.

Pero miremos algunos de los textos del decreto para ver cómo va más allá de cuál es legalmente razonable al definir el alcance del decreto:

Art. 24. Sancionarán cualquier persona que individualmente o como grupo, realice actos que impidan, de manera directa o indirecta, la producción, la fabricación, la importación, el almacenaje, el transporte y la comercialización de comestibles o de productos sujetos a control con prisión de dos a seis años…

Nótese lo difuso de las definiciones. ¡No sólo permite que uno sea castigado si participa directamente o indirectamente, cuyo significado no esta nada claro, pero también ni siquiera hace falta que el producto este sujeto a controles de precio! Si es un alimento lo que estás manejando, directamente o indirectamente, puedes ser condenado a un largo tiempo en la cárcel y si eres condenado, no podrás participar durante diez anos en el comercio.

Me pregunto si deberíamos tener un decreto similar para los políticos que permiten que la inflación aumente por encima de un cierto nivel, directa o indirectamente, debido a su negligencia, ignorancia o incompetencia. Podríamos no tener suficiente espacio de celdas para todo el los ministros económicos de Chávez’ si éste fuera el caso (o aquellos antes de Chávez!). Pero bajo el autócrata, los castigos son una calle en una sola dirección. Todo lo que ellos hacen les parece estar siempre bien y sin problemas, no hay auto critica o el uso del conocimiento en establecer políticas.

En el artículo 4, el gobierno se otorga la capacidad de declarar de uso público o de interés social las actividades de la producción, de la fabricación, de la importación, del almacenaje, del transporte, de la distribución y del comercio de comestibles o de artículos bajo controles de precios. Esto permite simplemente que el gobierno expropie o intervenga cualquier parte de lo que represente probablemente una fracción enorme de la economía venezolana, dada la definición vaga, amplia y discrecional que cubre el decreto. Es realmente difícil pensar en un área no cubierta, que sea de importancia. ¿Es la cerveza alimento? Los precios de la gasolina están bajo control. Algunos precios de carros son controlados. Se aplica a cualquier cosa que incluya comida en todos los niveles de la cadena de producción, comercialización o servicios. ¡No hay limites!

Y en ese punto el decreto se vuelve simplemente dictatorial con una “D” en mayúsculas al decir: El Ejecutivo, sin mediar ninguna formalidad podrá decretar la expropiación por razones de seguridad y soberanía de la alimentación. ¿Que tal?

En el Art. 12. el gobierno se permite la “toma de posesión y la ocupación temporal, incautación para comenzar a vender los productos otra vez”. Mientras que sucede esto, los “sueldos continuarán siendo pagados”, asegurando que uno realice una especie de hara-kiri o de sepuku financiero a si mismo.

Por supuesto, estos individuos nunca se han detenido a pensar que ellos son el problema. Que tal como le paso Diocles, es la impresión de dinero inorgánico y los controles de precio los que conducen a la escasez e inflación. Que cuanto más controles imponen, más hay escasez y mas subirá la inflación. Ese miedo a la incautación o a la expropiación no funcionará, porque el miedo de la muerte no pudo detener el mismo fenómeno en Babilonia o en Roma.

La historia económica moderna no comenzó con Adán Smith, mas de tres mil años de historia han demostrado que los controles de precios exacerban los problemas y los controles de Hugo Chávez, manejados por una burocracia corrupta e ineficaz, tienen aún mayor probabilidad de fracasar que en la mayor parte de los casos anteriores de la historia.

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6 Responses to “De Diocletianus, a Nixon, a Chavez: La historia del fracaso de los controles de precio”


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